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  • Este no es otro relato sobre nuevos servidores.

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    Este no es otro relato sobre nuevos servidores.

    Al abrir los ojos te encuentras en un sitio extraño. Por un momento piensas que es el Portal de Almas, excepto que, en este caso, no has aparecido de la nada, sino caído (muy lentamente) del cielo. Te ajustas la mirada y miras a tu alrededor. Buscando cosas familiares. Caras familiares. Pero no está Cipfried, ni el lugar se parece a Dawnport o Rookgaard. De hecho, está mucho más lleno, y es tridimensional. También es más serio. Quizás alguna persona que aprecies vaya a tu encuentro, y por instantes, el ser técnicamente desconocidos no importe mucho. O quizás llegues sin saber ni donde queda el baño, pero igual estés feliz de estar allí, porque en tu "server" original no podías subir mucho de nivel. Tenías que hacer cola, para manafluids o runas, y sólo podías llevar dos por persona. Porque quizás luego de 8 horas diarias de hunt, sólo sacabas pocas gold coins. Tal vez ya te hayas dado cuenta que este relato tiene poco de Tibiano, y mucho de realidad. Tal vez te sientas identificado, incluso, leyendo estas líneas al sur del Ecuador, al norte del Mar Caribe, o al este del Atlántico.

    Por supuesto, hablo de la emigración.

    Representación precisa de los eventos.

    Para muchos Tibianos de Venezuela esta es una realidad más o menos cercana. De no ser ellos los que emigran, son sus amigos. Quizás el grupo del cyber ya no está completo, porque Fulanito, el que jugaba el Kina, se fue a Colombia y está trabajando mucho. O porque Menganito, el que me echaba sio los sábados, se mudó a España y está esperando que le pongan internet. Porque quizás la diferencia horaria ya no nos dejará cazar tanto como antes. O porque quizás debo esperar a que mis amigos los que se fueron, o yo mismo, coordinemos las cosas más importantes antes de preocuparnos de matar Serpent Spawns.

    Y el que aún no se fue, quizás está ocupado en otras cosas igual. Haciendo una cola bajo el sol, o simplemente luchando contra la mala calidad de la conexión. Así, grupos se disgregan, en diferencias de tiempo, de criterios. Y los que quedan encuentran más aburrido el conectar. Quizás para algunos la realidad fuera de Tibia forzará su emigración, no sólo en el mundo real, sino también en el mundo Tibiano. Sobre todo si aspiran comprar en el corto plazo una premium account; aunque esto se ha visto mitigado por la oportuna introducción de las Tibia Coins. Muchos Tibianos de nuestro país simplemente no tendrían la posibilidad de pagar el precio de la premmy, no porque esta sea cara, sino por la desventaja económica en que nuestra moneda se encuentra.

    Cuando te vas, inviertes un largo tiempo en mirar banderas.

    Y no, este artículo no es de política. Da igual si eres de un partido o de otro, o si eres marciano y sólo te estrellaste en Venezuela... (se imaginan un marciano haciendo cola para la harina?). Esto va mas allá de quién esté sentado en una silla. Es una realidad que afecta a todos y que es imposible pintar con otras palabras. Si es culpa de una guerra económica o de ineficiencia gubernamental, eso ya lo dejo a gusto del lector, y no es el objetivo de este artículo.

    Quizás al volverme ese emigrante de la historia, me he sensibilizado un poco más con esa parte de nuestra comunidad. Esa parte que debe salir, no sólo de Caracas, Valencia, Maracaibo... sino de Julera, Fortera, Shivera... Por razones ajenas a su voluntad. Y con la esperanza de algún día no muy lejano, volver. A ambos lugares.

    Tibia siempre te hace sentir como en casa. A pesar de los cuartos desordenados.

    Posiblemente el retorno Tibiano llegue primero. Cuando la internet se estabiliza o cuando la situación personal se resuelve en el país destino. Y luego de luchar contra la memoria oxidada y sacar nuestros detalles de cuenta, para conectarnos por primera vez en mucho tiempo, veamos las familiares paredes de nuestra casa en perspectiva isométrica. Sintamos de nuevo la seguridad de sus muros. Tal vez Tibia pueda, una vez más, dibujar una sonrisa en nuestro rostro llevándonos, por un mágico instante, a casa.

  • #2
    Triste realidad

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